Wide Screen

 

Género: Poesía

 

Año: 2009

 

Páginas: 72

 

Editores: Bonobos / Fondo Nacional para

la Cultura y las Artes, Consejo Nacional

para la Cultura y las Artes

 

Colección: Reino de Nadie

 

Precio: $130.00

 

Wide Screen está escrito con los bastones del ojo: mira con esas células que perciben todavía eso que ya no está propiamente en el campo focal, y ni siquiera en el campo de la luz, sino entrando ya a la sombra y lo difuso. Lo que allí vislumbra el poema tiene la fugaz evidencia de las estrellas que se ven con el rabillo del ojo; las que aparecen donde no se las espera; esas que, puestas en el centro de la mirada, se esfuman. De ahí su formato, su pantalla ancha. El poeta quiere que nuestros ojos, al leer, hagan el recorrido hasta los extremos y se asomen no sólo a los precipicios que los bordean sino a los que se abren, como grietas, en el centro de la mirada. Quiere conducirlos a los sitios, lejanos o íntimos, donde se acaba lo visible y donde acaso nace aquello que forma lo visible. No sabe ni dice qué cosas veremos nosotros ahí ―y acaso ni siquiera nos confiese lo que él mismo ha visto―, pero adivina que en el trance algo se nos revelará. En cualquier caso, conoce y manipula al detalle las variables de su experimento. Y así, aunque alarga el verso hasta casi disolverlo, su oído no vacila nunca; aunque hace todo para difuminar las imágenes que nos presenta parte de unas cuantas escenas concretas, entresacadas de cinco películas de Jim Jarmusch.

No quedan muchos asideros en esos bordes del espacio donde ralean las cosas que topan con la vista, así que uno se ve forzado a ir tanteando con las manos unas formas invisibles para el ojo consciente, que centra y enfoca; formas que en realidad sólo reconoce el ojo que, entrecerrándose, se entrega a las ensoñaciones. Es por eso un poema exigente: su potencia no está en las figuras que nos da sino en las que nos pide. No se ofrece a nosotros para entregarnos un misterio sino para robarse el que nosotros vislumbramos en la penumbra de sus palabras. Más que un poema inspirado, es un poema inspirador. Nos da la aviada y espera que logremos mantener el equilibrio mientras vamos rozando el borde de lo invisible, ese lugar donde aparecen las estrellas que nos saben entrar en foco y sólo se dan enteras a quien sabe poner su vista al margen. Y a eso nos obliga: a mirar poniendo la vista al margen.

 

FRANCISCO SEGOVIA