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Se dicen cosas inolvidables. No sólo con palabras.

Gestos: las manos, las cejas, ¿repiten frases hechas?

Al menos decía que echara andar por otra línea la prosa del mundo.

Adolfo dijo para sí mismo: Son los rasgos de la inevitabilidad.

 

Pronto se endurece, si bien aprende uno,

al pie de la avalancha de los sentimientos diarios,

a entrever lo previsible.

En otras palabras: el prejuicio es una piedra.

(¿Por qué negarse a ser discípulo?

La desconfianza nos agrisa el rostro.)

Tomé las dos cuartillas y leí: La grafía de Z.

 

Otra vez el teléfono. Cita próxima:

en el André a las 3. Nos veremos pronto.

 

Mismas palabras ahí o en otra parte.

Recordé mi poema,

escrito cada vez que me detenía en un alto.

Escribir a mano sólo recaditos, teléfonos, frases

en una servilleta, minutas en una libretita.

En palma de mano el aparato integral:

google, mail, agenda, teléfono, diario, cámara, ¿por qué no fax?, auto

ubicación&youtube.

No da lugar a los silencios incómodos

y centra en circunstancial de número la cosa, convertida en bola y cadena.

 

Había que llegar a tiempo a cualquier parte de cualquier forma.