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La Gran Máquina del Placer arrumbada

a un costado. A contraluz, la petulante

ciénaga, lodo tibio de la sensación. Sube un

canto de doncella activa, de joven muerta

en el corazón de alguien. Nadie ha venido

nunca. Indefinidamente el detenido juego

de la huída. Indefinidamente la escritura

en la silueta de un mundo abandonado. La

memoria sueña su modelo.