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Se retrata a sí mismo en lo que serían las escenas posteriores a un simulado suicidio. Casi todas las imágenes son absurdas: imposible suicidarse con un cable de teléfono. (¿Y si la noticia que transmitía era funesta, o letal?) ¿Quién se estrangula con una regadera de mano? Será que lo que retrata es el asalto de esos malos pensamientos. Lo hiperbólico de la pulsión de muerte que nos agarra donde sea, al tomar el metro hacia un destino indeseable, al despedirnos de quien sospechamos no volveremos a ver, cuando tememos haber hecho el ridículo o volver a fallar una y otra vez. Esos breves momentos en los que se articula un mundo exterior en el cual no parece haber cabida para nosotros.