Autor

 

 

Dios está en todas partes

 

 

Por eso es que mi padre dispuso

una cámara de video

en mi zapato. Una especie

de espejo,

para que me entiendan.

Más

un gato de nueve colas

que un truco

de espionaje industrial.

 

El plan era sencillo

(y mientras tanto

que arda Pasifae dentro del toro

porque aún quedan

agravios por vengar):

 

Te acercas por la espalda.

Siempre tienen

las piernas abiertas. Lo hacen

a propósito.

(¿Ya no te parezco

tan aburrida, amor?)

 

Tú eres instrumento del castigo.

Una tribu de asirios

y el prurito

de un corazón en llamas

mientras san Nicolás

aterroriza a Holanda

 

caído de la gracia como una flor de estufa

entre las fluctuaciones de los linces

y liebres.