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Suburbio de una bala

 

                                                                                          Mónica:

 

1.- Debiste conocerme un poco antes,

cuando tanta cocaína, tanto

idílico subsuelo me volvió por un tiempo

un amante mediocre.

Placeres que partían la memoria de la piel

como quien parte una nuez al apretarla

en el puño con otra. Una vaga

aspirina de dolor.

 

Debiste conocer esos rígidos murmullos,

mis médulas marchitas, la arritmia

como niebla. Un monje atravesado

por su hombría de coraje y Nembutal.

 

Te hubiera hecho el amor

desde una pústula. Sabrías

(y yo a través de ti, tocando con

mi mano de kerosén el espesor

de los jaguares)

que hasta el arrobado gozo

viene de malos sentimientos;

no generosidad sino

reconciliación.

 

Lástima que no baste con decirlo

(y por eso al escribir

la confesión es el suburbio de una bala que atina

y por eso la poesía es la grieta

menos visible de nuestras urnas funerarias)

para volver redondo el viaje del deseo

al valle de los muertos.

 

Redondo: una esfera de epifanía

y odio

en la que desnudarte fuera un símbolo de mí.

[…]