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 Yo soy la marafona del balneario. Acá, en Guaratuba, vivo de suerte. Ah, mi felicidad es un cristal ante el sol, adivinadora esfera cargada por el futuro como una bomba que se va a explodir en los urânios del dia. Mi mar. La mer. Merde la vie que yo llevo en las costas como una señora digna cerca de ser executada en la guillotina, há Dios… Sin, há Dios e mis dias. Que hacer?

 

Hoy me vejo delante de su olhar de muerto, esto hombre que me hace danҫar castanholas en la cama, que me hace sofrir, que me hace, que me há construido de dolor y sangre, la sangre que vertió mi vida amarga. Desde sus ombros, mi destino igual quel hecho de uno punhal en la clave derecha del corazón.

 

Ahora, en neste momento, yo no sê que hablar com su cara dura, rojos los olhos soterrados, estos que eran mis ojos. […]